Cantera de Valderrivas

Miguel Pinto · 1972
Esta pintura, realizada en 1972 por Miguel Pinto, constituye un ejemplo emblemático de su etapa figurativa, en la que el artista proyecta una mirada intensa y emotiva sobre los paisajes de Castilla. En esta obra en particular, Pinto representa el enclave industrial minero de Cornicabra, situado en el municipio madrileño de Morata de Tajuña, su localidad natal. Lejos de limitarse a una reproducción descriptiva del lugar, el artista ofrece una reinterpretación simbólica del territorio, cargada de lirismo y emoción contenida.

La composición presenta un paisaje de cantera donde conviven estructuras industriales —como cintas transportadoras y torres metálicas— con una naturaleza transformada en curvas y formas ondulantes. Esta tensión entre lo geométrico y lo orgánico genera una visión topográfica profundamente expresiva. Aunque la lectura espacial es clara, no responde a una lógica estrictamente realista, sino emocional: Pinto “reconstruye” el paisaje desde su vivencia personal, filtrándolo por su sensibilidad.

El uso del color, de fuerte impronta neofauvista, refuerza esta intención simbólica. Los tonos rojizos, ocres y tierras del terreno contrastan con los azules intensos del cielo y los verdes y celestes que destacan en la maquinaria. Esta paleta no busca describir la realidad de manera literal, sino intensificar las sensaciones que emanan del lugar, elevando lo cotidiano a una experiencia visual y espiritual.

El simbolismo de la obra es clave para comprender su profundidad. La cantera, como espacio de extracción y transformación, se convierte en metáfora del propio proceso artístico: Miguel Pinto “extrae” formas de la realidad, las descompone y las reconfigura según una lógica interna y poética. Así, transforma la topografía en lenguaje pictórico, dotado de resonancias emocionales e históricas.

El enclave de Cornicabra, donde aún se conserva un importante yacimiento de piedra caliza, fue durante el siglo XX uno de los principales motores económicos de Morata de Tajuña. La llegada del Ferrocarril del Tajuña supuso una revolución en el modelo productivo local, estructurando la actividad minera en torno a un sistema complejo que incluía canteras, hornos de cal y vías ferroviarias para el transporte del material. Pinto recoge en esta obra no solo la dimensión física de ese patrimonio, sino también su memoria colectiva y su capacidad de transformación.

En palabras del propio artista, “el primer valor del arte es sensibilizar”. Esta pintura, pese a la aparente frialdad de su contenido industrial, transmite una profunda sensibilidad hacia la tierra y su historia. No se limita a mostrar; sugiere, evoca, invita a una lectura más íntima del paisaje.
"Las canteras de piedra de Valderribas de Cornicabra" no solo documenta un entorno geográfico concreto de la Comunidad de Madrid, sino que lo transforma en una experiencia estética y espiritual. Es testimonio del arraigo de Miguel Pinto a su tierra natal, y, al mismo tiempo, una muestra de su madurez artística, en la que la figuración ya comienza a dar paso a una expresión más subjetiva y simbólica del mundo.