Obra de Miguel Pinto
Abstracto
Esta obra abstracta de Miguel Pinto se articula en torno a la presencia simultánea de la luna llena y la luna nueva, que introducen un juego de fases y ciclos sobre el paisaje, sugiriendo el paso del tiempo y la dualidad entre luz y oscuridad##.
El terreno se construye como una topografía imaginada, recorrida por líneas sinuosas y masas contrastadas que evocan cauces, relieves y corrientes internas. Las formas fluyen y se entrelazan, generando un espacio continuo en constante transformación.
A diferencia de otros paisajes más reconocibles, aquí el artista se aleja de toda referencia directa para crear una visión más conceptual, donde naturaleza y cosmos se integran en un mismo lenguaje, convirtiendo el dibujo en una experiencia sensorial y meditativa.
El terreno se construye como una topografía imaginada, recorrida por líneas sinuosas y masas contrastadas que evocan cauces, relieves y corrientes internas. Las formas fluyen y se entrelazan, generando un espacio continuo en constante transformación.
A diferencia de otros paisajes más reconocibles, aquí el artista se aleja de toda referencia directa para crear una visión más conceptual, donde naturaleza y cosmos se integran en un mismo lenguaje, convirtiendo el dibujo en una experiencia sensorial y meditativa.